El progreso y la ampliación de los mercados, al no estar regulados ni por la política ni por la ética, llevan al mundo a una encerrona de la que habrá salida sólo si ocurre una decisiva transformación de las sociedades.
Fuente: Miércoles 15 de Enero de 2003, Diario Clarín, Año VII, Nº 2481